lunes, 23 de junio de 2008

¿Compacta o réflex?

La primera pregunta que debemos hacernos es para qué vamos a utilizar la cámara. Es cierto que se la compra para usarla en distintas ocasiones, pero debemos poner orden de prioridades ¿Quiero utilizarla principalmente para viajes? ¿Quiero aprender los rudimentos de la fotografía?

En general, una cámara de uso familiar debe ser sencilla de operar y de tamaño reducido, porque es más facil de guardar y de llevar en los viajes. Sin embargo, estas cámaras no permiten demasiado juego: tienen la ventaja de que son prácticas, pero la desventaja de que no nos permiten controlar las variables, y tenemos que someternos a lo que nos indique la cámara.

En caso de que deseemos una opción cómoda, podemos plantearnos elegir entre una compacta y una digital. La primera tiene a su favor que no hace falta estar pendiente de muchas cosas: alcanza con comprar un carrete y estar atento, cada unos cuantos meses, de cambiar una pila interna. En las digitales, la cuestión es más complicada, porque hay dos variables que juegan en contra: por un lado, que exige mucha atención a la carga de la bateria, y por el otro, que la capacidad de almacenaje no es ilimitada. Con respecto al trabajo posterior, la compacta va en desventaja porque el revelado es más caro que la transferencia al ordenador, aunque esta útlima puede ser un poco más complicada para quienes no estén familiarizados con esta tecnología.

Si la disyuntiva está entre una compacta o digital y una réflex, quizá sea un poco más complicado tomar una decisión. ¿Por qué? Porque sus usos y posibilidades son muy diferentes, casi incompatibles.

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